La transición del simple movimiento de vaivén del paso básico a las figuras reales es el momento en el que surge la dinámica en el baile de salón. En el Cha-Cha-Cha, el paso chassé hacia el lado es el elemento característico sobre el que se construyen giros como la promenade o el solo de mujer. La Rumba utiliza casi la misma distribución geométrica del espacio, pero extiende los pasos de forma temporalmente distinta, lo que da lugar a figuras como el abanico o la Alemana. Aquí es donde la estrecha relación entre los bailes se vuelve especialmente evidente.
Quien, por el contrario, quiera aprender bailes de salón, se acostumbrará a una postura permanentemente cerrada. Los bailes latinos rompen esta simetría: las figuras cobran vida gracias al cambio constante entre la postura de baile abierta y cerrada. En el Jive, por ejemplo, utilizas pasos de patada elásticos y cambios de lugar rápidos para crear puntos de interés visual. El Paso Doble, a su vez, escenifica la entrada en la arena con pasos hacia adelante similares a una marcha, en los que la pareja se desplaza por la pista como una sola unidad.