Las familias y los barrios transmitieron el repertorio
La historia gitana del Flamenco se aprecia especialmente bien en ciertos lugares: el barrio sevillano de Triana, así como Jerez y Cádiz. Allí se entrelazaban las familias, los vecindarios y los contactos profesionales. No eran comunidades aisladas. Personas gitanas y no gitanas vivían y trabajaban en las mismas ciudades, se escuchaban unas a otras y entraban en contacto con distintas formas de música andaluza.
La transmisión familiar consistía en presenciar una y otra vez el cante y el baile. Puedes imaginarlo como un aprendizaje a través de voces, gestos y situaciones concretas, no como la transmisión de un programa de estudios inmutable. Los textos, las variantes y las formas personales de expresión podían conservarse a lo largo de generaciones y, al mismo tiempo, cambiar. No todas las familias gitanas cultivaban el Flamenco, y no todos sus miembros se dedicaban profesionalmente a él.
Los hermanos Tomás y Pastora Pavón, de Sevilla, representan la conexión entre el entorno familiar y una trayectoria pública posterior. Manuel Torre, de Jerez, es otro ejemplo de cantaor gitano cuya obra trascendió su lugar de origen. La Soleá y la Seguiriya son formas de cante cuya historia está estrechamente vinculada a estas redes de transmisión. La práctica rítmica de las Bulerías, en cambio, es un aprendizaje específico, no una explicación del origen étnico.

