El carácter está en las relaciones, no en cada paso
Si quieres simplificar bailes folclóricos para niños, la pregunta decisiva no es cuántos pasos quedan. Lo que importa es qué rasgos hacen reconocible el modelo utilizado. Puede ser un ritmo determinado, una alternancia entre el movimiento en grupo y el encuentro, o una figura que siempre responde a la misma parte de la música.
En el Rheinländer con desplazamientos hacia delante y giros, la combinación de estos tipos de movimiento ya lo diferencia de cualquier baile de desplazamiento. En el Boarischer con una secuencia de pasos y un baile en círculo, es importante la interacción entre las distintas partes. De ahí no se obtiene una versión infantil ya hecha: los detalles que definen el baile dependen del modelo concreto.
Por eso, conservar no significa necesariamente ejecutar de forma idéntica. Un salto exigente puede sustituirse por un movimiento más pequeño que recoja su acento musical. Sin embargo, si se pierde precisamente la alternancia característica entre movimientos elásticos y tranquilos, el cambio va más allá de la dificultad. Es útil distinguir entre el esfuerzo del movimiento y su función: el alcance y la amplitud del giro tienen que ver con el esfuerzo, mientras que un encuentro o un final en grupo cumplen una función. Ambas cosas pueden estar relacionadas, pero no son lo mismo.


