Por qué contar es solo el principio
Quien empieza con los bailes de salón aprende rápido a contar. Uno, dos, tres en el Vals Inglés o Slow, Quick, Quick en el Slowfox. Este enfoque matemático es útil al principio para organizar los pasos a grandes rasgos. Sin embargo, quien cuenta rígidamente en su cabeza suele parecer en la pista un reloj que gira mecánicamente. La verdadera musicalidad en el baile de salón comienza justo donde termina el simple conteo. Se trata de no utilizar la música solo como un metrónomo, sino de interpretarla activamente.
Cuando te liberas de contar el compás, toda tu presencia cambia. Tus movimientos ya no parecen entrecortados, sino que fluyen armoniosamente con las líneas melódicas. La entrada suave de unas cuerdas en el vals conduce entonces a una subida y bajada más suave, mientras que un acento repentino en el Tango provoca una pausa dinámica. Esta conexión marca la diferencia entre simplemente ejecutar pasos y bailar de verdad. Para alcanzar este nivel, ayuda echar un vistazo a la corrección de errores de postura al bailar, ya que un cuerpo estable es lo que permite transmitir los impulsos musicales con sensibilidad.






